Peluquería china
Cuando uno se va a cortar el pelo en Argentina, simplemente entra a la peluquería, le dice al peluquero qué es lo que quiere hacerse y punto. Acá en China no es así. Hay unas cositas extras, que hacen de este lugar una experiencia inolvidable.
Iba caminando por una calle X de mi nuevo barrio, comprando artículos de librería para el trabajo. De repente, pasé por la puerta de una peluquería (está repleto de estos lugares) y vaya a saber porqué, me agarraron ganas de raparme al mejor estilo shaolim. Ingresé y comencé a explicarle a la persona que me atendió, cuál era la forma exacta de cómo quería mi corte. Después de 15 minutos de charla, finalmente entendieron a lo que me refería. Parecía fácil, pero no, estos tipos a veces son más boludos de lo que parecen. Una de las peluqueras me tomó de la mano y me llevó al sector de lavado. Me pregunté, para qué carajo me lavan la cabeza, si me voy a rapar a cero. Pero bueno, dejé que hagan su trabajo. Volcó shampoo sobre mi cuero cabelludo y empezó a masajear. El masaje duró no menos de 15 minutos, después volcó la crema de enjuague y prosiguió otros 15 minutos más. Una sensación espectacular. Más relajado que nunca, me senté en la silla, dispuesto a recibir el esperado corte. Pero no, todavía quedaban 20 minutos de masaje en todo el cuerpo. Espalda, brazos, hombros, lo único que le faltó, fue masajearme el culo (no hubiese venido nada mal). A esa altura, el corte de pelo me importaba un huevo. Igualmente me rapé y quedó como siempre. De 10, no hay nada que me quede mal, ya lo saben. Con peluquerías como esta, te dan ganas de cortarte el pelo todos los días.

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